Es evidente que sólo una política dirigida a incentivar la reforma de viviendas puede salvar el sector de la parálisis, las empresas vinculadas al sector de la construcción y de la distribución de materiales reclaman a las administraciones las ayudas directas para el incentivo de la demanda, para evitar una drástica pérdida de empleo y desaparición empresarial en el 2010, con un fuerte efecto arrastre en el conjunto de la economía, el empleo y la confianza en los consumidores.
Asociaciones intermedias de comerciantes y empresarios de los materiales para la construcción, analizó el presente y futuro de la actividad ligada a la edificación, ante el dramático parón para la actividad. Lo peor está por llegar, hasta el 2012 donde se hayan ocupado todo el exceso de viviendas que se dispone actualmente.
El sector de la construcción de viviendas se encuentra sobredimensionado, pero una ruptura radical de la actividad supondrá un coste social y económico que arrastrará al conjunto de la economía, debido al peso que en materia de empleo y generación de producto bruto interno posee la actividad ligada a los acabados en edificación: industria, comercio y oficios ligados a la construcción, el escenario que puede generarse a partir de 2010 depende de la apuesta por un plan de renovación de viviendas.
Un caso semejante fue el que aconteció en la década de los años 90 en el mercado alemán tras el boom provocado por la unificación, donde se adoptaron las políticas adecuadas de apoyo a la reforma y la rehabilitación y lograron mantener una actividad suficiente y un coherente proceso de reconversión que no afecto al conjunto de la economía. Una política orientada a la rehabilitación también ha permitido mitigar las consecuencias de la crisis en Francia, con cerca de cuarenta medidas adoptadas por el gobierno central para ayudar a los consumidores a mejorar sus viviendas y, con ello, generar empleo y fomentar la economía blanca.
Se trata de una crisis de consumo, por lo que hay que generar demanda en el sector y, en estos momentos, la única vía es actuar directamente en el último eslabón de la cadena, es decir, en el consumidor.
Por este motivo, se reclaman medidas que fomenten la reforma de las viviendas particulares, no se trata de subvencionar en base generar deuda, sino de incentivar la actividad, el consumo y la generación de empleo buscando una balanza positiva para la Administración, dotar un 20% de bonificación para un presupuesto máximo de 5.000 euros en reforma de viviendas. Con esta iniciativa el estado recauda más de lo que aporta en concepto de IVA, ahorro en prestaciones de desempleo y aportación patronal, además de crear puestos de trabajo y contribuir a generar un clima de confianza en el conjunto de consumidores.