
Llámenlos como quieran, biocombustibles, cultivos energéticos, agrocombustibles, agroenergía, éstos son una falacia en un ecosistema finito y en un sistema económico basado en el crecimiento descontrolado e ilimitado. Las implicaciones para la seguridad alimentaria del Sur global son estremecedoras, la apropiación de grandes extensiones de tierra para dedicarlas a cultivos de exportación no es más que una continuación del modelo colonial agroexportador, el mismo modelo socialmente retrógrado, feudal, explotador y ambientalmente destructivo que ambientalistas y progresistas en el Norte y el Sur han tratado por décadas de erradicar.
Aún a estas alturas una porción significativa del movimiento ambientalista se aferra a la noción de que combustibles derivados de cultivos agrícolas, desperdicios animales y otras fuentes biológicas, pueden sacar al mundo de su dependencia de los combustibles fósiles y así vencer dos grandes amenazas globales, el petróleo y el calentamiento global.
No hay agrocombustibles sustentables, los biofuels pueden ser parte de la solución. Si todo el maíz sembrado en EEUU fuera usado para etanol y toda la soya del país fuera convertida en biodiesel, sólo se desplazaría 12% de la demanda nacional de gasolina y no más de 6% de la demanda de diesel.
Esas cifras son preocupantes. Estados Unidos cultiva alrededor de 44% del maíz del mundo, más que China, la Unión Europea, Brasil, Argentina y México juntos. Esto significa que si la producción mundial de maíz fuera a ser cuadruplicada y dedicada por completo a la producción de etanol, satisfaría la demanda estadounidense, pero dejaría el resto de la flota de vehículos del mundo todavía corriendo con gasolina, mientras los conductores mueren de hambre.
Si todavía creen que los agrocombustibles pueden formar parte de un futuro libre de combustible fósil, tengan en cuenta que todas las plantas verdes en EEUU, incluyendo cultivos, bosques y praderas, reciben alrededor de 32 quads de energía solar al año, pero los yanquis queman más de tres veces esa cantidad de energía de combustibles fósiles al año. Este cálculo es muy importante porque la materia vegetal de la que se derivan los agrocombustibles no es más que energía solar transformada en carbohidratos mediante fotosíntesis.
El que los agrocombustibles compitan con la producción de alimentos es un hecho tan contundente y bien documentado que ya ni siquiera puede ser cuestionado en una conversación seria. En julio de 2008 el UK Guardian reveló que un estudio del Banco Mundial concluyó que el boom de los agrocombustibles fue responsable de 75% del drástico aumento de los precios de alimentos a nivel mundial que se dio ese año.
Si se requieren 40 kilos de maíz para hacer un 4 litros de etanol, según la Organización de Agricultura y Alimentos de la ONU, ¿Cómo puede alguien dudar que existe una contradicción entre agrocombustibles y alimentos?
Aún sin estos datos, no hace falta un doctorado para entender que una hectárea de terreno agrícola produciendo combustibles es una hectárea que no está produciendo alimento.
Los entusiastas de la agroenergía no cuestionan la demanda energética, y la aceptan como un hecho inalterable. El tema de la demanda es problemático y es imperativo discutirlo porque la demanda energética está en constante aumento y se espera que siga aumentando. Cuando uno toma esto en cuenta, las posibilidades de los agrocombustibles lucen aún más remotas.
Cuando son confrontados con estas y similares cifras de consumo de energía, los proponentes de la agroenergía me vienen con argumentos como "Puede que los agrocombustibles no sean más que una gota en la cubeta energética, pero reduzcamos el tamaño de esa cubeta mediante una reducción en nuestro consumo de energía". Pero los agrocombustibles son totalmente incapaces de hacer una mella significativa en la demanda actual de energía, y además nada tienen que ver con reducir la demanda energética. Ninguno de los gobiernos o corporaciones que invierten en agrocombustibles ha dicho una sola palabra sobre reducir su uso de energía.
Energías. La carrera hacia el sur
Las cifras claramente muestran que para hacer alguna mella apreciable en la creciente demanda energética mundial la gran mayoría de la producción de agroenergía tendrá que ser ubicada al sur del ecuador, en el llamado tercer mundo, esto no es precisamente en Yukon o Siberia. Sólo en el Sur del mundo, Africa, Sudamérica y el sureste asiático, hay suficiente luz solar a lo largo del año y tierras, y además la tierra ahí es barata y la vida humana es considerada más barata aún.
Aquellos ambientalistas que creen que la exportación de agrocombustibles de Sur a Norte puede ser un motor de desarrollo sustentable y socialmente equitativo hablan de cultivos energéticos producidos por pequeñas fincas familiares. Ellos dicen que esta es una actividad económicamente beneficiosa para las comunidades rurales, y nos hablan también de comercio justo, esquemas de certificación y responsabilidad social corporativa. Pero en realidad no hay espacio para las pequeñas granjas familiares en la revolución agroenergética. Sólo las plantaciones de monocultivo, que se extienden de un horizonte a otro, pueden lograr las economías de escala necesarias para este emprendimiento. Los inversionistas globales y acreedores multilaterales, como el Banco Mundial, han sido muy claros con respecto a este asunto.
Si estas vastas plantaciones de agrocombustible no van a competir con la producción de alimentos entonces deberán ser establecidas en otras tierras. Dicho de otro modo, el bosque del Amazonas debe ser sacrificado, también la sabana africana, el cerrado brasileño, los bosques de Borneo y Colombia y los ecosistemas saludables que aún quedan en la India, al igual que el Pantanal, el humedal más grande del mundo, ubicado entre Bolivia, Paraguay y Brasil.
La destrucción de ecosistemas en el altar de los agrocombustibles no es teoría ni opinión, ya ha comenzado. Aún antes de los cultivos energéticos, ya había comenzado la carrera para convertir los ecosistemas de Suramérica, especialmente Brasil, Argentina y Paraguay, en cultivos de soya, no para alimentar los pobres y hambrientos sino para alimentar ganado en corrales de engorde en Europa y China.
A medida que la selva muera, cientos de miles de habitantes ribereños, familias campesinas y pueblos indígenas quedarán desheredados, y el mundo perderá una biomasa extraordinaria que desempeña un papel central en la regulación del clima mundial. Igualmente grave será el hecho que la destrucción de la selva amazónica liberaría cerca de 90 mil millones de toneladas de carbono a la atmósfera, que es por sí mismo suficiente para incrementar el ritmo del calentamiento global en un 50%.
El impacto del cultivo de caña para etanol también es devastador, a pesar de que la producción de etanol de caña en Brasil ha recibido elogios de ambientalistas y partidarios de la energía renovable de diversas partes del mundo.
Es grave que se exporte este modelo brasileño como algo especial, cuando no es otra cosa que más de lo mismo: agronegocio, monocultivo y trasnacionales, dice Camila Moreno, de la organización Terra de Direitos. "Lo que también preocupa es que el cultivo de los agrocombustibles constituye, como ya se ve con la caña, una nueva y gigantesca frontera para expansión de transgénicos, cuyos riesgos e impactos preocupan y generan rechazo cada vez más generalizado, y que erosionan más y más la soberanía sobre los recursos estratégicos."
Con el cultivo de palma aceitera es una historia tristemente similar. Los monocultivos de aceite de palma son una de las principales causas de la deforestación y por ende del cambio climático, destruyen los medios de subsistencia y la soberanía alimentaria de millones de pequeños agricultores, pueblos indígenas y otras comunidades. Requieren de productos agroquímicos que envenenan a los trabajadores y a las comunidades, y contaminan los suelos, las aguas y la biodiversidad, agotan el agua dulce y los suelos. Los monocultivos de aceite de palma no son y no podrán nunca ser sostenibles y la certificación sirve como un medio de perpetuar y ampliar esta industria destructiva.
Una tonelada de biodiesel de aceite de palma proveniente de las tierras de turba de Asia suroriental genera de 2 a 8 veces más emisiones de CO2 que la combustión de una tonelada de diesel de combustible fósil.
Mientras los científicos debaten acerca de si el balance energético neto de cultivos tales como el maíz, la soja, la caña de azúcar y la palma aceitera es positivo o negativo, las emisiones causadas por la instalación de muchas de las plantaciones de agrocombustibles hacen humo, literalmente, cualquier posible beneficio.
Los agrocombustibles no se van a teleportar del Sur global a los golosos consumidores de energía en Norteamérica y Europa como en un episodio de Star Trek, se necesita una masiva infraestructura de transportación, y ya está siendo construida: superpuertos, autopistas, ferrocarriles y canales, con sus impactos asociados sobre delicados ecosistemas, especialmente costas y humedales.
Fertilizante y compostmodernismo
El monocultivo es imposible sin fertilizante sintético, el cual sólo puede ser fabricado con combustible fósil. El fertilizante es uno de los mayores contribuyentes agrícolas al calentamiento global.
Su manufactura requiere de grandes cantidades de electricidad (la cual a menudo proviene de fuentes fósiles como carbón y gas natural) y requiere también de la aplicación directa de un hidrocarburo, usualmente gas natural. Una vez aplicado en campos agrícolas parte del nitrógeno en el fertilizante se combina con oxígeno para formar óxido nitroso, un gas de invernadero 296 veces más potente que el CO2.
Se estima que las emisiones totales de gases de invernadero causadas por la agricultura subirán casi 30% entre ahora y 2020, y la mitad de esa alza se deberá al aumento en el uso de fertilizante. Se espera que el Sur global casi duplique su uso de fertilizante en ese mismo período, y los nuevos cultivos de biocombustibles serán responsables de una gran parte de ese crecimiento.
En este punto de la discusión muchos se preguntarán: ¿No puede el fertilizante ser reemplazado por composta, que es después de todo una alternativa ecológicamente sustentable? Un estudio de la Universidad de Michigan citado por Food First en 2007 basado en datos tomados de 77 estudios concluyó que el planeta tiene suficiente materia orgánica para mantener la población humana sin necesidad de fertilizante. Pero hay que señalar que la materia orgánica, al igual que el agua y el suelo, es un recurso renovable, pero renovable no significa infinito. ¿Realmente tenemos suficiente materia orgánica para fertilizar naturalmente con composta los millones de hectáreas que pide la revolución agroenergética? ¿Es justo usar toda esa composta para alimentar carros en vez de gente?
Grasa y celulosa
Esto nos lleva directo a la propuesta de usar grasa de desperdicios de matadero para hacer biodiesel. Como muy bien señaló el científico Stan Cox en su libro Sick Planet, el problema es el siguiente: toda esa grasa viene de animales, que fueron engordados con grano, el cual fue cultivado con fertilizante, el cual fue hecho con combustible fósil. Por lo tanto si usamos esa grasa todavía estamos dependiendo del combustible fósil. De cualquier modo, la única manera en que restos de animales podrían hacer alguna mella significativa en la demanda de energía de un país industrializado sería mediante masivos corrales de engorde (feedlots), verticalmente integrados y de escala industrial. No me pondré aquí a denunciar los males y entuertos de los corrales de engorde de ganado, éstos ya han sido minuciosamente documentados por otros.
El convertir los desperdicios de matadero en energía es una manera efectiva de resolver un problema de desperdicios, pero ese desperdicio es una parte muy diminuta de la supermasiva huella ecológica de un corral de engorde. Lo único que se puede hacer con esas instalaciones es abolirlas. Aquellos ambientalistas que ayudan a compañías de agronegocios a que sus corrales de engorde sean más ecológicos están haciendo un grave daño pues están entorpeciendo los esfuerzos por abolir los corrales de engorde.
La última carta que les queda a los que apoyan los biocombustibles son los agrocombustibles de segunda generación hechos a base de celulosa. En esta última línea de defensa argumentativa reconocen que los críticos tenemos un punto, pero que los defectos de los biocombustibles serán resueltos por procesos aún no existentes que utilizarán celulosa. En teoría, esto hará posible usar cualquier materia vegetal, inclusive grama y madera muerta, para sacar etanol de la celulosa. Sin embargo el grueso de estos combustibles de segunda generación vendrán de hierbas perennes como switchgrass y miscanto, los cuales son vistos como fuentes ideales de celulosa.
Bibliografía parcial:
- Cox, Stan. "Sick Planet: Corporate Food and Medicine" Pluto Press, 2008.
- GRAIN. "¡Paremos la Fiebre de los Agrocombustibles!" Biodiversidad, Sustento y Culturas. Octubre 2007.
- La Soja Mata. "Carta de oposición crítica a la Mesa redonda sobre Soja Responsable", abril 2009.
- http://lasojamata.org/es/node/373
- Moreno, Camila. "Monsanto Arrebata la Producción de Etanol". Terra de Direitos / La Jornada del Campo.
- http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88959
- Pimentel, David. "Corn Can't Save Us" St. Louis Post Dispatch, 18 de marzo 2008.
- Salva la Selva, "Gobierno holandés financia soja (ir)responsable", 5 de octubre 2009.
- http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/52191
- Segelken, Roger. "70 Percent More Energy Required to Make Ethanol Than Actually Is In Ethanol" Cornell Chronicle. 6 de marzo 2009.