
Más de la mitad de las tierras cultivables del planeta son áridas o están bajo amenaza de sequía, en los próximos años, podría ser incluso peor, el cambio climático provoca la reducción de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas globales. La agricultura en el desierto proporciona alimentos a millones de habitantes y la recuperación de espacios naturales. Somalia, Etiopía, Níger, Egipto, Israel o Chile demuestran que la innovación y el uso de técnicas sencillas hacen posible el cultivo de diversas especies.
Aprovechar zonas desérticas hacen que los suelos se vuelvan más fértiles y se reduzca la erosión, un problema ecológico que ha aumentado en los últimos años, los habitantes de estas zonas logran un recurso alimentario y económico que mejora sus condiciones de vida, en especial de los más desfavorecidos, y evita el éxodo rural.
Masanobu Fukuoka, uno de los pioneros de la agricultura sostenible, emprendió hace unas décadas un sistema de cultivo que ha recuperado regiones áridas de Somalia y Etiopía. El desierto puede ofrecer los recursos necesarios si se siguen unos métodos naturales sencillos. Fukuoka asegura que si los países ricos quisieran ayudar a los subdesarrollados no les deberían enviar alimentos, sino semillas para que sus habitantes tuvieran sus propios cultivos.
Cultivar en el desierto para el desarrollo local
El desierto proporciona los recursos necesarios si se siguen unos métodos naturales sencillos
La colaboración entre gobiernos, ONG e instituciones internacionales supone una esperanza para millones de ciudadanos sin recursos. Así lo han demostrado diversas iniciativas que han introducido la agricultura en zonas desérticas de países en vías de desarrollo. El Sahara cubre la gran mayoría de Níger, uno de los países más pobres del planeta. La aplicación, desde hace dos décadas, de varias técnicas sencillas y de bajo coste han recuperado para su cultivo varias áreas del desierto. El esfuerzo ha merecido la pena: en la actualidad, cuatro millones y medio de personas viven gracias a los productos cultivados en una extensión que ocupa una superficie similar a la de Aragón.
Las instituciones egipcias pusieron en marcha hace una década un plan para transformar áreas desérticas en cultivables mediante diferentes métodos agrícolas. De esta manera, se ha conseguido a la población un medio de vida y se ha evitado la emigración en varias partes del país.
Israel, con un 60% de sus tierras de cultivo en zonas de desierto, ha demostrado que la aplicación de diversas técnicas innovadoras supone resultados sorprendentes. Los recursos hídricos se obtienen de varias formas, gracias a un sistema de canalización desde el Mar de Galilea o del reciclaje de aguas grises de las zonas urbanas.
Los agricultores israelíes han introducido especies adaptadas a estas condiciones extremas, como la jojoba, la pythaya, el cactus opuntia o varias especies de flores. El cultivo en invernaderos especiales proporciona diversos tipos de verduras, hierbas y flores para su exportación. En las zonas de dunas se cultivan cítricos o mango con agua reciclada y las zonas de colinas con escasas precipitaciones y muy erosionadas en el pasado se han recuperado mediante una intensiva reforestación. En otros lugares, también con condiciones áridas, se ha logrado el cuidado de ganado para productos lácteos, otras especies como avestruces o pescados como la Tilapia.
Investigar para los cultivos de desierto
Israel ha demostrado que la aplicación de diversas técnicas innovadoras logra resultados sorprendentes
Los científicos son fundamentales para extraer el máximo provecho de las zonas áridas o afectadas por la desertificación. En la Universidad de Chile, un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales estudia diversas especies vegetales, como la jojoba, la higuera, el granado y la alcaparra, para su explotación económica en tierras desérticas chilenas. Estos expertos señalan que estas zonas son cada vez más extensas en su país y se requerirán más de este tipo de cultivos adaptados a condiciones de estrés hídrico.
Los investigadores de la Universidad de Chile también señalan que el cultivo en áreas desérticas necesita un cambio de enfoque. En su opinión, la investigación mundial en estudios de resistencia o tolerancia a la sequía se ha centrado en la producción alimentaria convencional y, en concreto, en los cereales y algunas leguminosas. Sin embargo, estas especies no son las más aptas para las zonas desérticas. Por ello, destacan, lo lógico es trabajar en especies con características naturales de resistencia a este tipo de condiciones y que no compitan con suelos destinados a otras especies.
Agricultura en desiertos urbanos
Las ciudades son desiertos que se pueden cultivar para beneficio de sus habitantes. Así piensa Nathan McClintock, de la Universidad de California-Berkeley, que estudia el potencial de la agricultura urbana en barrios desfavorecidos. Este experto se ha centrado en Oakland (California, EE.UU.), donde la comida rápida es predominante y el acceso a los alimentos frescos es escaso. McClintock utiliza técnicas de cartografía espacial para localizar tierras públicas que se puedan utilizar para la producción urbana de alimentos. El investigador estima que el aprovechamiento agrícola de estos espacios podría proveer hasta el 10% de las necesidades de productos frescos.