
Esto debemos agradecérselo a la física cuántica y a los investigadores del centro de investigación Toshiba Europa el cual tiene base en el Reino Unido. Allí, los científicos lograron envíar información encriptada a una velocidad de 1 megabyte por segundo a lo largo de 50 kilómetros de fibra óptica.
Este tipo de encriptación hace que un usuario deba enviarle una “llave” secreta al otro, codificada en las propiedades cuánticas de un solo hilo de fotones. La mécanica cuántica garantiza que cualquier intento de interceptar esta llave la modifique, revelando que se esta produciendo un ataque.
Hasta ahora, los intentos de enviar fotones codificados se habían realizado a través del aire, lo que establecía un límite de 700 metros para este tipo de comunicaciones. Para que la encriptación cuántica fuese factible, se requería que los fotones viajasen más lejos empleando infraestructura ya existente, como la fibra óptica que compone la columna vertebral de internet.
Para que la fibra óptica sea capaz de transmitir luz a través de largas distancias, debe hacerlo a través de una amplitud de onda sumamente específica. Los fotones de esa amplitud de onda eran hasta hace poco difíciles de detectar, pero Toshiba inventó un dispositivo capaz de lograrlo abriendo así la puerta para una revolución en las telecomunicaciones.