Otro partido reñido e impredecible entre eficiencia ambiental y contaminantes.
En Sudáfrica se apostó por un transporte más limpio mientras Brasil propone estadios ecológicos para el torneo que organizará en 2014. Esto se contrapone con la política ambiental de los países.
Esta nueva fiesta que entretiene y mucho, dejará una huella de carbono ocho veces superior a la copa anterior jugada en Alemania, según estudios a pedido de Sudáfrica y la embajada Noruega en ese.
El transporte local, la construcción de estadios y el uso de energía en esos recintos y en los servicios de alojamiento emitirán en conjunto 896.661 toneladas de dióxido de carbono, a lo que hay que sumar 1.856.589 toneladas debido a los necesarios viajes internacionales para ir al circo.
Para disminuir emisiones, concientizar a sudafricanos y visitantes sobre eficiencia energética, Pretoria implementa dos proyectos con apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, conocido como GEF en inglés.
En 2008 comenzó el mejoramiento del transporte público de pasajeros de siete de las nueve ciudades que serán sedes de la copa mundial de fútbol a inaugurarse el 11 de junio, como forma de aliviar el elevado uso de automóviles particulares entre la población de ingresos medios y altos.
Los cambios involucran creación de un sistema de tránsito rápido de autobuses y mejoramiento de infraestructura de paseos peatonales y la circulación de bicicletas. Pero éstos últimos son muy limitados, y no está claro en qué grado los conductores de automóviles aceptarán el cambio cultural que implica compartir autobuses, asientos y rutas con pasajeros pobres.
Otro proyecto ambiental relacionado con FIFA 2010, de 10 millones de dólares, busca reducir el consumo de energía en seis sedes gracias a la instalación de paneles solares y luces eficientes en calles, semáforos y avisos publicitarios, además de acciones de sensibilización pública.
Pero la seriedad de Sudáfrica en esto de lo ambiental y de los organismos que financian es dudosa pues en abril el Banco Mundial aprobó un crédito de 3.000 millones de dólares para construir en ese país una central eléctrica alimentada a carbón, que estará entre las más grandes del mundo.
Este negociado ambiental derivado de una central energética carbonera emitirá la friolera de 25 millones de toneladas de dióxido de carbono por año. Los ejecutivos de turno le llaman a esto necesidades energéticas de la población sudafricana.
Sudáfrica no es el único, Brasil sede en 2014, pretende organizar el torneo más ecológico de la historia, exigirá certificación ambiental para conceder financiamiento a los proyectos de reforma y construcción de estadios.
Habrá transporte más limpio y promoción de productos orgánicos, supuestamente como contrapartida le exigirían a Brasil frenar la tala de la Amazonia en señal ambiental antes de celebrar el campeonato.
Sudáfrica, Brasil, China e India declaman pero no se ve su verdadera actuación en pos de lo ambiental.
Son puras iniciativas verdes asociadas al fútbol, hasta las empresas que hacen mucho dinero en indumentaria deportiva como Nike ya le han cogido el tranquillo a la onda verde y anunció que las nueve selecciones que viste usarán camisetas confeccionadas con material reciclado, una ocho botellas plásticas por camiseta.
El GEF dijo que a fin de año se haría un análisis de lo actuado en materia ambiental en esto de Sudáfrica y bueno, espero que lo hagan empleando medios digitales, porque para que caiga en saco roto ni vale la pena imprimir y gastar papel.