Además de sus beneficios terapéuticos y sociales, los huertos urbanos ayudan a recuperar zonas verdes y a mitigar la acumulación del calor en las ciudades. Espacios verdes y ecológicos plantados entre rascacielos, fábricas y polígonos industriales, los huertos urbanos representan dentro de los núcleos urbanos una vía de contacto con la naturaleza, al mismo tiempo que aportan beneficios educacionales, sociales, ambientales, terapéuticos y, en algunos casos, económicos.
No es necesario disponer de grandes extensiones de terreno; se puede utilizar un solar que está en desuso, las azoteas de los edificios o los balcones y terrazas de la propia vivienda.
Pionera fue Barcelona, en 1996 puso en marcha la primera red de huertos urbanos regulados, que establece como única condición para convertirse en uno de sus usuarios ser mayor de 65 años y vivir en el distrito donde se halla el huerto.
La filosofía que rige el funcionamiento de los huertos urbanos es la de la agricultura ecológica planteada como una actividad lúdico educativa en la que el objetivo no es conseguir la mejor cosecha, sino conocer la naturaleza y practicar una agricultura respetuosa desde el punto de vista del medio ambiente. Y aunque se aprecian grandes diferencias entre unos y otros, estos espacios contribuyen a mitigar el efecto isla de calor urbano.
En 2001, Tokio aprobó una norma que exigía que los nuevos edificios privados con una cubierta de más de mil metros cuadrados cubrieran, al menos, el 20% de su superficie con huertos. Alemania cuenta con más de 13 000 000 m2 de azoteas verdes y otros países donde se promueve este tipo de huertos son Gran Bretaña, Hungría, Holanda, Suecia y Estados Unidos.
Respecto a los cuidados que precisan estos huertos, es más difícil mantener un huerto en el balcón que en la tierra. La exposición al viento es mayor y es necesario estar muy pendiente de las necesidades hídricas de las plantas.
En el suelo, las raíces de las plantas encuentran recursos para lograr nutrientes, sin embargo, en una bandeja o una maceta las raíces no pueden llegar muy lejos, por lo que es importante garantizar que la tierra esté nutrida. Se recomienda que el lugar seleccionado para sembrar las plantas cuente al menos con cinco horas de sol diarias, protegido del viento y se vigile la humedad de las plantas.
Beneficios sociales y educación ambiental
En numerosos huertos se dispone de parcelas reservadas para pacientes neurológicos o con algún tipo de discapacidad, y para jóvenes y adultos en riesgo de exclusión social. Además, en el caso de los jubilados, los cuidados en el huerto les proporcionan la satisfacción de sentirse y ayudan a evitar depresiones. Pero las bondades de estos espacios ecológicos urbanos no finalizan aquí.
Los huertos son una forma de educación ambiental y nutricional, el hecho de fomentar el cultivo para el autoconsumo, aunque sólo se trate de un par de hortalizas al mes, aporta una nueva perspectiva sobre la seguridad de los alimentos, el uso de productos químicos y el cuidado de la tierra, fomenta la conciencia del reciclaje de los residuos, de la conservación de los espacios comunes y la convivencia.
Y todo esto como?
* Elegir un lugar que reciba entre cinco y seis horas de sol diarias. Según la orientación, esas horas de sol pueden variar a lo largo del año, lo que determinará el tipo de plantas y hortalizas a cultivar.
* Evitar las zonas con viento o instalar algún tipo de protección para el buen mantenimiento de las plantas (redes, vallas protectoras)
* Disponer de una toma o depósito de agua cerca para regar.
* Realizar algún curso de horticultura. Las tiendas de venta de semillas y muchas páginas web son buenos lugares para iniciarse en esta actividad.
* Comenzar por plantar los vegetales propios de la época: rábanos o lechugas, que se cosechan en poco tiempo, o el mastuerzo (similar al berro), cuyas semillas germinan muy rápido y necesitan poco sol.
* Controlar las plagas. Aunque estos pequeños huertos son más controlables, no están a salvo de insectos. Hay plantas que pueden ayudar a su exterminio; la capuchina repele el pulgón y las plantas aromáticas como la lavanda, el tomillo o la salvia ayudan a que hongos, arañas y pulgones no aparezcan.