Hay un horizonte de ruptura con el actual orden de cosas, el anti - capitalismo desemboca en la formulación de alternativas a las políticas dominantes que apuntan hacia otro modelo de sociedad, más ecológica.
La humanidad se encuentra en una crisis ecológica global que forma parte intrínseca de la crisis sistémica del capitalismo, un poco diferente a las crisis económicas anteriores de los 70 o el crack del 29, por su vertiente ecológica.
Es necesario rechazar la lógica de maximización del beneficio del sistema capitalista y su productivismo que no tiene en cuenta los límites del planeta tierra.
Una crisis de civilización, con connotaciones ecológicas, alimentarias, financieras y como no, ética y moral, derivada de un capitalismo infernal.
Una crisis que muestra la incapacidad del sistema capitalista para satisfacer las necesidades básicas y amenaza la propia supervivencia de la humanidad. Esto no es pasajero, la luz al final del túnel ha resultado ser la de un tren en marcha que viene contra nosotros.
El sistema capitalista ha sido generador de pobreza, desigualdades y guerras, el anti capitalismo surge, como un doble imperativo: moral y estratégico y por que no ecológico.
Las cumbres del clima en Copenhague y de Cancún han sido un fracaso absoluto y una oportunidad perdida donde ni siquiera la retórica hueca y la pompa de los jefes de Estado pudo esconder la falta de medidas reales aprobadas.
Los políticos demostraron lo de siempre, que el día que enseñaban política en la academia, faltaron todos, no hay voluntad política para dar respuesta a la crisis climática y ecológica, el capitalismo sigue avanzando.
Se plantean falsas soluciones al cambio climático, capitalismo verde, como si la tecnología nos pudiese salvar de este callejón sin salida al que nos ha conducido el sistema capitalista.
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